[Texto escrito por la quiropráctica Ana Echeveste y compartido en originalmente en el blog Ana y sus cosas

No hace mucho recibí un mensaje de una amiga mía. Una amiga que lleva años oyéndome hablar de quiropráctica, de salud, de otra manera de vivir, pero sobre todo, una amiga que ha vivido lo que supone estar más sana… Mi amiga me preguntaba si podía hacer algo por un niño con un tumor cerebral. Bueno, si os soy sincera, me preguntó si se podía hacer algo ante un tumor cerebral. A eso, le tuve que decir que no: mi trabajo no es quitar tumores, es hacer que la persona funcione mejor, a través de su sistema nervioso para que pueda luchar contra los tumores y todo lo que le venga, con más fuerza… así que no, al tumor yo no iba a hacer nada, pero suponiendo que me preguntaba si podía hacer algo por ese niño, le dije que sí.

Me puso en contacto con los padres del niño y decidí contarles de primera mano lo que es la Quiropráctica, porque como la mayoría de vosotros, lo más probable es que no tuvieran ni idea de lo que es, y lo relacionaran con problemas de espalda etc… Quedamos en la consulta un domingo (la verdad es que no había tiempo que perder, creo yo) y con el corazón en un puño por intentar imaginarme lo que estaban viviendo, les conté, lo más sencillo que pude, en qué consistía mi trabajo y cómo creía que podía ayudarles.

Básicamente les conté lo que ya he compartido con vosotros alguna vez: que el sistema nervioso central (cerebro y médula) controlan cada célula, tejido y órgano de nuestro cuerpo y que cualquier cosa que interfiere en ese control nos perjudica y a la larga nos hace enfermar; que mi trabajo no es curar a la gente, sino ayudarles a que sus cuerpos se recuperen al eliminar esas interferencias (lo que nosotros llamamos subluxaciones). Que ninguno de nosotros sabíamos qué le podía pasar a Iker (así se llama el angelito de 9 meses en cuestión)pero que todo lo que pudiéramos hacer para que su cuerpo estuviera más fuerte aumentaría las posibilidades que tenía. También compartí con ellos algo que vengo observando en la consulta… los niños cuyos padres también están bajo cuidado quiropráctico, es decir, cuyos padres también funcionan mejor, por alguna razón que todavía no sé medir, mejoran más. Está claro que la ciencia nos aporta datos sobre nuestro cuerpos cada día, pero creo firmemente que todavía nos falta por aprender un montón y el hecho de que no veamos determinadas cosas no quiere decir que no estén. El caso es que lo entendieron, y allí mismo, ese mismo domingo, les ajusté a los dos. También quedamos que, al día siguiente, iría a la UCI a ajustar a Iker. El niño ya estaba ingresado y en cuidados intensivos porque el tumor, que resultó ser cerebelar, no cerebral, estaba afectando a su respiración y otras funciones vitales.

Al día siguiente quedamos en la UCI. Me enseñaron cómo lavarme las manos, ponerme la bata etc… (qué recuerdos de las prácticas en la carrera de medicina), conocí a las dedicadas abuelas que no fallan ni un día y por fin conocí Iker: una preciosidad de niño, tumbado en una camita y mirando continuamente a su madre (probablemente de las pocas cosas que le consolaban). No es el mejor sitio para trabajar ni el más cómodo: tenía la sensación de que era una intrusa porque de alguna manera era territorio de médicos y enfermeras, pero esos miedos y esas vergüenzas hay que dejarlos atrás… sabía que estaba bien lo que estaba haciendo, y si en el proceso se rompían un par de normas, pues para eso están… para romperse.

Primero hablé un poquito con la madre. Quería que Iker se familiarizara conmigo… el pobre ve tanta gente distinta que simplemente protestó como diciendo: ¿¿otro más?? En cuanto pude empecé a trabajar. Ajustarle el atlas (la primera vértebra) y el cráneo. Es curioso porque la mayoría de las personas piensan que el ajuste es algo bastante brutal, tiene que crujir todo el cuerpo y parece más bien un movimiento de karateka, pero no… en niños es super suave, delicado y hasta la madre me miraba como diciendo: y ¿¿ esto va a hacer algo?? Pues sí… y mucho. Iker la verdad es que no nos podía decir con palabras qué es lo que sentía, pero os aseguro que su madre y yo no teníamos ninguna duda de que le hacía bien… llevaba noches sin dormir (a pesar de que le dieran orfidal) y en cuanto empecé a ajustarle se quedó calladito, dejó de protestar y cerró los ojos. Estuve un buen rato (la madre mirándome alucinada) y yo lo más concentrada posible en esa situación… más o menos 1 hora después me fui. Si saber muy bien qué iba a pasar, pero con la seguridad de que al menos un poquito mejor estaría (todo suma, ¿¿no??)

A última hora de la tarde recibí un mensaje de su madre: “¡Ana, estamos alucinados! ¡Iker ha dormido un rato y se ha despertado como con ganas de jugar y hasta nos ha sonreído!” Iker durmió toda la noche de un tirón, y el resto de noches antes de la operación lo mismo…

Iker tiene un tumor y un largo proceso por delante, pero os digo una cosa, antes tenía subluxaciones que impedían que su cuerpo diera el máximo, y ahora no… no tengo ni duda de que está ahora más fuerte para luchar contra todo lo que le viene (cirugías, tratamientos, etc…) Fue una gran lección y sobre todo un gran recordatorio para mí que nunca sabemos hasta qué punto podemos ayudar a alguien. Hasta cuando parece que no se puede hacer nada…

Aunque parezca mentira, la historia no acaba aquí….

En la cama de al lado de Iker estaba Elene. Una niña de 4 meses que nació junto a su hermano gemelo. Él crece y sigue hacia adelante. Ella tiene algún que otro reto… no puede comer, no crece y no responde como su hermanito. Ya desde el principio. No saben muy bien qué le pasa, y han descartado temas genéticos, metabólicos y otras razones descartables… Con los medios que tenemos hoy en día, no sabemos lo que le pasa. Los padres de Elene están con ella todos los días. Le hablan, le miman y le acompañan. A casa no le pueden llevar porque necesita estar conectada y monitorizada. Una vez más no me puedo ni imaginar lo que esta pareja está sufriendo, y me parece realmente impresionante la fuerza que están demostrando. Una vez más, la incertidumbre es total. Nadie sabe lo que va a pasar y por lo que se ve muchas esperanzas de recuperación no les dan, pero yo me pregunto…. ¿Cuánto de lo que le pasa puede ser debido a la subluxación vertebral? Pues no lo sé, pero creo que es mi deber intentarlo todo y compartir lo que hago, así que una vez más, decidí hablar con los padres. No prometí nada, les reconocí que no sabía lo que podía pasar, pero que creía que merecía la pena intentarlo: darle a Elene la oportunidad de funcionar con su sistema nervioso sin interferencias. Hablé con la madre, su gratitud era infinita, y la mía también, por confiarme su más preciado tesoro…

Una de las mañanas que subí a ajustar a Iker, pasé por fin donde Elena. Conocí a la madre, y después de la rutina del lavado, la bata etc… me acerqué a Elene. Otro angelito. Conectada por todos lados, la madre me comentó que Elene no respondía demasiado, que no era capaz de comer sola (ni de tragar) y que a veces tenía problemas con la respiración también… Decidí ajustarle… Ningún cambio espectacular en el momento, y de hecho me tuve que ir porque empezaron a aparecer enfermeras etc… pero terminé mi trabajo de ese primer día. Al día siguiente no recibí noticias de la familia. No me escribieron y decidí no presionar. Bastante mal lo estaban pasando ya, pero dos días después, a través de la madre de Iker, me enteré de que las analíticas de Elena estaban mejor y que su respiración había mejorado. La familia creo que no me había escrito por respeto… por no molestarme, pero la madre quería que subiera, si era necesario, a diario. Yo la verdad es que, como con Iker, no sabía lo que iba a hacer falta, pero estaba dispuesta a subir a diario… Durante el segundo ajuste hablé más con la madre y me contó lo contentos que estaban de la respuesta… aunque hubiera sido pequeña. Que ella tenía la sensación de que respondía más de lo que los médicos creían, porque ella estaba con Elena cada día durante mucho tiempo, pero que se lo seguían pintando mal… ese segundo día, empecé a ajustarle otra vez, y de repente Elene sonrió. La madre me dijo que lo hacía a veces, pero que no era muy común. Le di las gracias a Elene por ese regalo tan especial, y al poco tiempo, me sonrió otra vez. En la media hora que estuve allí arriba, me sonrió 4 veces. No sé explicarlo. Una vez más, creo que hay muchísimas cosas de nuestro cuerpo y de lo que somos capaces que todavía no entendemos, pero sé que Elene estaba mejor, respondía y aún sin saber lo que eso supone, Elena está ahora más cerca de estar mejor, igual que Iker.

¿Tenemos la seguridad de que se vayan a recuperar Iker y Elene? No…

¿Sabemos qué les pasa exactamente y cómo estarán dentro de 6 meses? No

Pero una cosa sí sabemos: que los dos tenían subluxaciones vertebrales que impedían que su cuerpo lo diera todo en un momento en el que tiene que dar su 100%. Creo que todos estamos de acuerdo en que su recuperación, en los dos casos, va a depender de la fuerza de su cuerpo, así que nuestro deber es hacer TODO lo que podamos para ayudarles en ese proceso.

Hay muchas cosas que van a hacer que sus cuerpos estén más fuertes, de eso no tengo ni duda: comer, descansar, el amor de su familia, que les toquen, que les mimen, para muchos de nosotros incluso visualizarles sanos y mandarles nuestra fuerza, y por supuesto, como hemos visto en los dos casos, el ajuste quiropráctico específico. Trabajo con muchísima gente y yo en concreto, por muchos problemas de salud que he vivido, cuido todos esos factores: lo que como, mi descanso, ejercicios, meditación… pero todavía no experimentado nada tan potente como el cuidado quiropráctico, y es una vez más, mi deber, compartirlo con vosotros.

¿Cuánta gente hoy en día no es capaz de superar enfermedades porque su cuerpo no está al 100%? ¿No creéis que es nuestro deber ayudarles a ellos, y sobre todo, a nosotros mismos a funcionar al 100%? Esa es mi visión, mi misión y mi propósito en esta vida.

La vida trae desgracias, alegrías y penas, y lo único que podemos hacer es sacarles lo mejor de nosotros mismos, fortalecernos y esperar que sea suficiente. No controlamos lo que nos pasa, pero sí tenemos muchas cosas al alcance de la mano que nos pueden ayudar, y la Quiropráctica, para mí, es la base de todo. ..¿por qué? Porque saca lo que YA tienes dentro. No te da nada de fuera esperando a que eso te arregle… simplemente permite que tu cuerpo haga lo que esta diseñado para hacer… ¿¿ Garantías?? Ninguna… pero ¿¿dirías que un equipo de futbol tiene garantías de ganar cuando sale al campo?? Ninguna… simplemente intenta dar lo mejor de sí mismos, aumentando las posibilidades de ganar. Si se gana, genial. Si se pierde, dolerá, pero por lo menos lo habremos intentado todo.

Esta historia, inacabada, y esperemos que con final feliz, YA me ha enseñado grandes lecciones:

  • Nunca sabemos lo fuertes que somos hasta que ser fuertes es la única opción. Lo digo por los padres de los dos ángeles. Personas normales, como tú y yo como yo, que no han tenido otra opción que darlo todo. Y creedme cuando os digo, que todo en este caso es una fuerza que no se ve a menudo.
  • Controlamos mucho menos de lo que creemos y creo que la felicidad, en parte, está en aceptar y dejar de intentar controlar
  • Con el gesto más sencillo podemos tener un gran impacto. Creo que todos nos hemos sentido alguna vez así: queremos hacer algo pero nos da la sensación de que no va a ser suficiente. ¿Sabéis lo que os digo? Haced lo que os salga del corazón, al fin y al cabo las cosas se consiguen pasito a pasito, y si podéis, no os centréis en el resultado. Eso ya, no depende de nosotros.
  • En la vida hay cosas que no vamos a entender: situaciones injustas, sufrimiento que parece innecesario y otras muchas grandes tragedias. Tenemos dos opciones: intentar entender el porqué de todas esas cosas que pasan, o intentar, con todas nuestras fuerzas, vivirlo lo mejor que podamos, dejando que saque lo mejor de nosotros y convirtiéndonos, si cabe, en mejor persona.
  • Todas las situaciones y grandes logros se han conseguido pasito a pasito. Teniendo el objetivo en mente, centraros en cada pasito que dais. Si nos imaginamos TODO lo que vamos a tener que pasar, creo que tenemos la angustia garantizada y es posible que hasta nos frene, pero si nos centramos SOLO en el paso siguiente, seremos capaces de avanzar. No me imagino a los grandes escaladores pensando en los pasos que les quedan… seguro que en los malos momentos solo se concentran en el siguiente paso; una vez dado, toca centrarse en el siguiente…