Según la Universidad Complutense de Madrid, un título propio establece una conexión entre la actividad académica y la realidad social, adaptando el conocimiento a las necesidades de la sociedad. Por ello, sociedades de nuestro entorno, como puedan ser la francesa, portuguesa, italiana, suiza o belga, así como países como Finlandia, Dinamarca, Suecia, Noruega o Reino Unido en los que la quiropráctica está integrada en el sistema sanitario.

También otros países de cultura occidental como Australia, Estados Unidos, Canadá o México consideran la quiropráctica como profesión sanitaria.

La Organización Mundial de la Salud define la quiropráctica como “la profesión sanitaria que se ocupa del diagnóstico, tratamiento y prevención de los trastornos del sistema neuromusculoesquelético, basado en técnicas manuales”. En la misma línea el Parlamento Europeo insiste en la necesidad de la regulación de la quiropráctica dentro de la Directiva 2005/36/CE “… con el fin de enriquecer los servicios ofrecidos a los pacientes y garantizar el control público del ejercicio de esta profesión.”

Todos los años el Real Centro Universitario Escorial Reina Cristina (RCU) otorga un título propio de quiropráctica reconocido y acreditado por el Consejo Europeo de Educación Quiropráctica (ECCE). El ECCE es una agencia de acreditación Europea miembro de ENQA, la Agencia Europea para la Calidad en la Educación Superior, la misma que marca las directrices en el Espacio Europeo desde el conocido como proceso de Bolonia. Por ello, y por la libertad de circulación de profesionales establecida en la Versión Consolidada del Tratado de Funcionamiento de la UE, los graduados son considerados personal sanitario en países de la Unión Europea antes mencionados, donde pueden ejercer con los mismos derechos y deberes que los graduados oficiales en quiropráctica en las universidades europeas. Por así decirlo, el título propio expedido por el RCU es considerado oficial en Dinamarca o Reino Unido, entre otros países. Sin embargo, en España estos graduados no pueden ejercer dentro del paraguas que ofrece la Ley Orgánica de Profesiones Sanitarias (LOPS) de 2003, pero no implica que no puedan trabajar. En España ha habido distintos procedimientos de denuncia sobre intrusismo que han afectado a la quiropráctica, los juzgados y tribunales han resuelto y desechado frontalmente la posible comisión de una conducta de intrusismo, procediendo en todos los casos al archivo de las causas.

Según los datos obtenidos en la Federación Mundial de Quiropráctica (FMQ), la profesión está legislada en alrededor de 100 países y la ejercen cerca de 100.000 profesionales, por lo que es considerada como la tercera profesión de atención primaria a nivel mundial. Estos datos normalizan la actividad del quiropráctico en las sociedades occidentales y presentan un escenario de fuente histórico-jurídica de derecho, es decir, la costumbre. La legislación se actualiza para adaptarse a los cambios de la sociedad y a sus necesidades. Podemos poner como ejemplo disciplinas como la fisioterapia que ejercía su profesión sin una regulación específica hasta este siglo; sin embargo la actividad de esta profesión evidenció la necesidad de su regulación, y así se hizo.

Hoy en día la quiropráctica se ejerce en la mayoría de países de la UE con total normalidad, y con el reconocimiento oficial de su carácter sanitario, que garantiza la calidad del servicio. En España no contamos con semejante salvaguarda jurídica. Sin embargo, la presencia de la quiropráctica en la sociedad española y la demanda de los servicios que la profesión ofrece evidencian la necesidad de una normalización de la quiropráctica en nuestra sociedad. Por ello, es solo cuestión de tiempo que la legislación española se adapte a la norma europea y a la sociedad que la conforma, como ha ocurrido en tantas otras ocasiones.

La regulación de la quiropráctica en España no es una cuestión competencial de disciplinas sanitarias, ni de intrusismos. Es un asunto que afecta de forma directa a sus usuarios, es decir, a la sociedad. El RCU de forma pionera está haciendo realidad una demanda social, que otras sociedades de nuestro entorno han conseguido materializar teniendo como resultado un servicio quiropráctico regulado jurídicamente y, por ende, más seguro y de mayor calidad para los ciudadanos.

Guillermo Busto

Tesorero de la Asociación Española de Quiropráctica