La escoliosis es una curvatura lateral, anormal y progresiva de la columna vertebral, tanto de la porción torácica (central) como de la lumbar (parte inferior). Entre un 2% y un 4% de la población sufre de escoliosis, con una curva de más de 10 grados. Una curva inferior a 10º no se considera escoliosis.

Puede darse a cualquier edad, aunque en general se desarrolla en mayor grado durante la adolescencia, y es más común en las niñas. La mayoría de las escoliosis se detectan entre los 10 y los 12 años, pero la deformación empieza entre los 5 y los 8 años. 

En la mayoría de los casos (el 80%) la causa es desconocida; de ahí que su nombre científico sea el de escoliosis idiopática (idiopático significa desconocido.

El tipo de escoliosis se clasifica, según el grado de desviación y la edad en la que aparece, en infantil o adolescente. Esta última es la más común; estadísticamente, las personas que la padecen no registran una incidencia de dolor de espalda mayor que el resto de la población hasta llegar a la edad adulta.  Normalmente, la escoliosis tiende a progresar mientras los huesos aún están desarrollándose, especialmente durante los estirones del crecimiento. Al llegar a la madurez ósea, aproximadamente a los 18 años, deja de aumentar el grado de desviación o, si lo hace, es ya a un ritmo muy leve.

Los tratamientos tradicionales incluyen aparatos de soporte, colocación de varas o barras en la columna por medio de la cirugía o el uso de corsés ortopédicos correctivos, diseñados para frenar el desarrollo de esas curvaturas más que para corregirlas.

Pero cada día son más los padres con hijos a los que se les ha diagnosticado este problema, que acuden a la consulta del doctor en quiropráctica en busca de soluciones menos invasivas y más naturales. 

Marc Bony D.C