Desde Veracruz, México, el quiropráctico Víctor Sañudo entrevista al Presidente de la Asociación Española de Quiropráctica, Carlos Gevers. El objetivo es conocer la actualidad de esta profesión en España. Una charla entre profesionales del sector, para indagar acerca de las particularidades de la quiropráctica a ambos lados del Atlántico.

Víctor Sañudo: Para empezar, una pregunta clave: ¿por qué escogiste ser quiropráctico, siendo en ocasiones un camino difícil?

Carlos Gevers: En mi caso quizás se podría decir que tengo una historia diferente y menos difícil que el resto, marcada por la trayectoria de mi padre, que era quiropráctico. Él vivía en Bélgica, donde acababa de terminar sus estudios de economista y conoció a una mujer, hija de dos quiroprácticos que habían sido discípulos y amigos de B.J Palmer. Se enamoró de esta mujer y también de la profesión, y marcharon a estudiar a Palmer,  aunque el camino les separase. Mi padre acabó en España tras graduarse como quiropráctico, donde conoció a mi madre.

En ocasiones tenía dudas con respecto a mi futuro, pues con 18 años y la rebeldía propia de la edad, quieres desvincularte de lo que hacen tus padres. Fue mi hermana, también quiropráctica, la que me inspiró muchísimo. Entendí que ese era el camino que me marcaba la vida.

V: Tuve el gusto de conocer a tu padre en Madrid y era impresionante como contagiaba su profesionalidad. Cuéntame la situación en España a día de hoy.

C: Pese a que tenemos dos centros universitarios, la profesión no está reconocida. Se tomó la decisión de crear dos programas universitarios, porque es el primer paso que nos marcaron para lograr la regularización. Mi padre fue una de las piezas clave para lograr estos pasos decisivos. El primer centro fue el RCU-Madrid Chiropractic College, adscrito a la Universidad Complutense y después el Barcelona College of Chiropractic, en convenio con la Universidad Pompeu Fabra, un par de años después.

V: Siendo España parte de la UE y habiendo países en Europa donde la quiropráctica está regulada, ¿no ayuda?

C: El tratado de la UE tiene tres excepciones para los países autónomos y éstas son en materia de defensa, educación y sanidad. Estos dos últimos nos afectan directamente, por lo que las directrices de la UE no pueden imponer una regulación.

V: ¿Hay una parte de la profesión que prefiere que no esté regulada la quiropráctica?

C: Creo que la regulación, en el sentido estricto de la palabra, no interesa a ningún colectivo, ya que implica que una entidad externa dicte lo que se puede o no se puede hacer. En España los fisioterapeutas son un grupo con colegio propio y con regulación, pero en la crisis, ante la amenaza económica, tenían que defender a su colectivo y se dedicaron a denunciar a otros profesionales no reconocidos por la ley de profesiones sanitarias, como los quiroprácticos. Nos acusaban de intrusismo. Desde 2008 ha habido una campaña bastante fuerte. Ahora ya no estamos en esa situación y lo que queremos es que podamos llegar a obtener esa regularización por el bien del colectivo.

V: ¿Y después de la regularización?

C: Los quiroprácticos somos una profesión minoritaria y tendemos a veces a separarnos. El objetivo es mantener la unidad, ya que cuando ha habido un problema externo, que afectaba a toda la profesión, ha sido el único momento en que nos hemos conseguido unir. En el pasado había verdaderas crisis a la hora de acudir a las asambleas. Ahora se llegan a acuerdos con un 90% de votos a favor. Ya que hemos conseguido esa unión, hay que trabajar para construir.

V: Hay muchos extranjeros que han hecho una gran labor por la quiropráctica en España, pero tener estudiantes españoles, ¿hasta que punto es importante?

C: Esos quiroprácticos, quieren que la quiropráctica se reconozca al nivel que se merece. Hay quiroprácticos extranjeros que han hecho mucho por la quiropráctica en España, como el estadounidense, Marc Hudson, o mi propio padre, de eso no cabe duda. Hoy en día me gusta mucho oír a mis alumnos hablar con términos ya españoles como “palpación dinámica” en lugar de “motion palpation”. Pequeños detalles que evocan como la profesión va adquiriendo identidad aquí.

V: Siempre hay detractores, pero en el caso de Francia, hace veinte años muchos quiroprácticos se vieron obligados a emigrar por ser perseguidos. ¿Podrían repetirse esas situaciones?

C: Es importante estar siempre un poco alerta. Hay que ser consciente de que hemos escogido una profesión considerada como “no convencional” o “alternativa”. Por eso a veces somos foco de ataque más fácilmente. En el caso de Inglaterra se están enfrentando a una posible desregularización de la profesión, que cambiaría algunos de los derechos conseguidos por los quiroprácticos. Las leyes son cambiantes, hay que estar alerta.

V: Que les podríamos decir a los recién graduados, que mensaje te gustaría trasladarles?

C: Lo más importante para la profesión es el trabajo en equipo y la unión. Manteniendo la identidad, con diversidad entre profesionales, pero con una voz común. Los quiroprácticos a veces tenemos miedo a mirar hacia el futuro. Antes

en el mundo de la salud, triunfaban los grandes egos, médicos que diagnosticaban como si fueran Dios, tipo “Doctor House”. Hoy todo está cambiando y el protagonista es el paciente. Los profesionales son más conscientes de la importancia del trabajo en equipo para el beneficio del paciente. Con esos argumentos sería imposible que la quiropráctica no fuera reconocida en cualquier lugar del mundo.