A diferencia de otros mamíferos, que son independientes a las pocas semanas e incluso días de su nacimiento, los humanos llegamos a este mundo desprovistos de la madurez necesaria para separarnos de los adultos. Los hábitos que adquirimos durante los primeros años de vida son determinantes para nuestro desarrollo social, cognitivo y por supuesto, físico pero a menudo adquirimos malos hábitos en la infancia que pueden repercutir en la edad madura.

“En muchas ocasiones pensamos que los bebés deben aprenderlo todo desde que nacen pero olvidamos que tienen reflejos primitivos que les hacen responder de forma instintiva ante determinados estímulos”, explica Amaya Alonso, quiropráctica en el Centro Quirosum de Málaga. En su opinión, es primordial vigilar su desarrollo pero también lo es respetar sus tiempos y sus movimientos.

“Los bebés nacen sin curvaturas; primero se forma la curva cervical cuando empiezan a levantar la cabeza, por eso deben pasar tiempo boca abajo; después se ponen a cuatro patas y eso permite el desarrollo de la curvatura lumbar; la comunicación de hemisferios se produce con la coordinación mano-pie contrarios en el gateo…Todo ello son etapas por las que un niño tiene que pasar para convertirse en un adulto bien desarrollado y si le ayudamos o no permitimos que haga todas estas cosas, estamos acotando el desarrollo de sus músculos y articulaciones”.

“La gran mayoría de los casos que tratamos en el centro son menores, unas veces acuden por problemas congénitos y otras por malos hábitos adquiridos en los primeros años de vida”. En ambos casos, según explica Amaya, “la quiropráctica es fundamental y puede paliar e incluso corregir problemas tan habituales como el sueño o los cólicos”. Asimismo, asegura, “no hay por qué llegar a tener una dolencia o detectar una anomalía para acudir al quiropráctico, ya que el bebé nace con subluxaciones inevitables causadas por la propia gestación, el estrés durante el parto o el estrés emocional por la separación física de la madre”.

Ante esta información nos puede surgir una pregunta: ¿cómo evitamos que el bebé desarrolle alguno de estos problemas en el futuro? Para Amaya hay muchos hábitos que debemos fomentar en los más pequeños pero los resume en cuatro puntos básicos:

  • Primeros pasos. Lo habitual es que empiecen a andar en torno a los 12-13 meses “aunque en algunos puede llegar más tarde y no significa que haya ningún problema, sobre todo si se alarga el período del gateo”. En esta etapa debemos ayudarlos a que no se hagan daño pero nunca forzarlos a ponerse de pie ya que es contraproducente para su columna y puede reflejarse en problemas de cadera. Otra de las recomendaciones que señala Amaya Alonso es evitar el taca-taca porque obliga a adquirir una postura que no es natural para el bebé  e intentar en la medida de lo posible utilizar las sillas de retención para el coche durante los paseos.
  • En clase. El cuerpo humano no está hecho para pasar muchas horas sentado pero podemos hacerlo de la manera “menos mala”, por ejemplo utilizando atriles para tener los libros a la altura de los ojos y la espalda recta. A la hora de utilizar mochila nunca debemos cargarla por encima del 10% del peso del niño y tendremos que escoger aquella que se adapte mejor a su ritmo de vida: con ruedas si tiene caminar durante un largo rato y de espalda si tiene que coger transporte.
  • En casa. Es importante invertir en muebles que le permitan al niño mejorar su postura. Una de las mejores opciones cuando ya se encuentran en el colegio es optar por una silla que incluye una pelota medicinal de tipo Pilates y que obliga a mantener siempre la columna recta. Otra recomendación para niños y mayores es olvidarse de los zapatos cuando estemos en casa: “ya que trabaja los músculos del pie, lo fortalecen y facilitan la formación del puente”. Además, es bueno caminar frecuentemente caminar por terrenos irregulares.
  • En horario extraescolar. No hay nada como practicar ejercicio. Para Amaya, se invierte demasiado tiempo en actividades que implican estar sentado pero pocas al aire libre y físicas. El deporte no solamente es bueno para el cuerpo, también ayuda a desarrollar el sistema nervioso, la manera de pensar de los niños, a organizar su tiempo y a trabajar en equipo.

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