Este tipo de carrera también se denomina natural, porque no nacemos con zapatos, lo natural es andar descalzos.

Esto que para nosotros es un poco raro, se sigue practicando en algunas zonas de África y América Latina. En los países occidentales, ha aumentado su popularidad en los últimos tiempos.

En realidad  aún no hay un consenso entre los científicos sobre si correr descalzos aporta más beneficios que perjuicios para la salud. Las partes negativas más evidentes son que los zapatos protegen nuestros pies de cortes y heridas causadas por el suelo y además nos protegen del frío y el calor.

Por contra, los partidarios de este tipo de modalidad de carrera, afirman que los zapatos producen lesiones crónicas en los pies por el golpeo continuo del talón contra la superficie acolchada de las zapatillas, además del cambio en la forma natural de la pisada.

Estudiando el tipo de pisada de los corredores descalzos, vemos que no aterrizan sobre talón, sino que se apoyan sobre todo en los dedos y en la parte delantera de la planta del pie. Por tanto no se produce ese impacto que ocurre cuando al correr golpeas con fuerza el talón contra el suelo. Si este impacto contribuye a producir lesiones, entonces correr descalzo tendría ese beneficio; aunque todavía no está suficientemente demostrado.

Vamos a ver un poco de historia sobre los corredores descalzos en nuestro entorno.

En las Olimpiadas de Roma en 1960, en la línea de salida del maratón olímpico, apareció un corredor africano sin zapatos. Era Abebe Bikila de Etiopía. Este corredor consiguió, no solo la medalla de oro sino además el récord mundial de maratón en 2:15:16.2

Este habrá sido seguramente el corredor descalzo más famoso en los juegos olímpicos modernos pero no ha sido el único. Antes de que se pusiera de moda, ya hubo corredores que lo hicieron descalzos. Además, las zapatillas con suelas casi inexistentes también han protagonizado carreras antes de que apareciera esta moda en nuestros días como las del corredor japonés Shigeki Tanaka que ganó el maratón de Boston en 1951 con unas zapatillas de este tipo.

Otra curiosidad, probablemente bien conocida por los aficionados a las carreras, la protagonizan los indios Tarahumara. Estos indígenas mejicanos son considerados los mejores corredores del mundo; han ganado carreras de larga distancia como la Leadville de 100 millas, una de las grandes carreras de montaña del circuito americano: 161 km a altitudes por encima de los 3100 m. En el año 1993 y motivados por la promesa de un promotor estadounidense de aportar comida para su pueblo, consiguieron hacerse con los puestos primero, segundo y quinto, calzados con sus sandalias hechas de suelas de neumático y tiras de cuero. Esa carrera la ganó Victoriano, un indio de 55 años.

El pie se compone de 28 huesos que nos aportan equilibrio, estabilidad y movilidad.

Varios de ellos se encuentran en contacto con el suelo y otros están destinados a formar el arco. Este arco tiene que moverse, no estar sujeto por unas zapatillas que le aporten un soporte rígido. Cuando corremos, el pie necesita libertad de movimiento para adaptarse a la superficie. Además debe contraerse para tener fuerza para levantarse del suelo y relajarse para absorber el impacto del apoyo contra el suelo.

Este sistema de bloqueo y desbloqueo durante la pisada en la carrera está controlado por el sistema neuromuscular.

Para explicarlo de forma sencilla, el músculo aportaría la fuerza mientras que el cerebro pone el control. Pero para poder reaccionar, el cerebro necesita información. Por ello, el pie funciona mejor cuando el cerebro es capaz de recibir información de los receptores. Si llevamos los pies protegidos por completo con almohadillas, seremos incapaces de sentir el suelo.

Por otro lado, unas zapatillas que tienen una altura en el tacón, de manera que nuestro talón está elevado por encima de la planta y los dedos, hacen que la movilidad en la planta, en la zona del metatarso sea menor.

También el tendón de Aquiles, la fascia plantar y el gemelo se habrán adaptado a funcionar acortados debido a esa altura en el talón. Si cambiamos a unas zapatillas de transición, con un tacón más bajo, produciremos el estiramiento del tendón de Aquiles y la fascia plantar.

La talla del zapato también debe ser elegida cuidadosamente par que se adapte a nuestro pie. Si no es de nuestro tamaño, se pueden producir desequilibrios musculares que nos lleven a lesiones en el pie, la rodilla o la cadera. Una zapatilla de un tamaño adecuado permite al pie moverse libremente, aumentando el contacto con el suelo. Lo mejor es eliminar todo el material sobrante que impide el movimiento natural del pie, de manera que éste pueda reproducir el movimiento que haría si fuéramos descalzos.

Tengamos en cuenta además que de manera natural el pie es más ancho en la zona de los dedos y muchos zapatos no lo son. Además hay que recordar que al aplicar carga en el pie mientras corremos, éste se expande para adaptarse a esa carga.

Si estás interesado en correr descalzo, o con calzado mínimo, puede que necesites hacer un periodo de transición. Si hasta ahora utilizabas acolchados y tacón elevado en las zapatillas, quizá sea mejor que vayas poco a poco reduciendo, para no sobrecargar el pie.

También hay muchos expertos que consideran que antes de pasar a este calzado mínimo hay que aprender una mejor técnica de carrera. Aunque otras opiniones afirman que, eliminando obstáculos entre el pie y el suelo, las correcciones biomecánicas se producen por sí mismas.

Otro punto muy importante es la necesidad de aumentar la fuerza del pie mediante ejercicios específicos para que nos sirva de mejor soporte al correr, pero también al caminar. Unos pies fuertes son la mayor base posible para nuestro cuerpo y una buena base es primordial para una buena postura y un cuerpo estable.

Además si quieres, en la consulta podemos analizar tu pisada y tu postura. Los ejercicios específicos para ti te ayudarán a mejorar tu técnica de carrera y a prevenir lesiones.

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